lopadono

El caso es que nada nos perturba: ni el aspecto de la carne fresca, ni el carácter persuasivo de la voz melodiosa, ni la pureza en los hábitos de vida, ni la peculiaridad de la inteligencia de estas pobres criaturas. Sin embargo, por una pequeña porción de carne, les privamos del sol, de la luz, del curso de su vida, cosas que, por esencia y naturaleza, merecen. De este modo, los gritos que emiten y elevan nos parecen inarticulados y no plegarias, súplicas justas del que dice: “no censuro que obres por necesidad, sino por desmesura; sacrifícame para comer pero no me captures para un bocado delicioso”.  ¡Qué crueldad! Es terrible la visión de una mesa, ya preparada, de hombres ricos que se sirven de carniceros y cocineros como vigilantes de animales muertos. Pero hay algo más terrible: la mesa una vez recogida; hay más restos que alimentos ingeridos. En suma, los animales mueren en vano. Más aún, hay otras persones que se abstienen de comer platos cocinados e impiden que los animales sean fileteados y troceados. Rechazan la carne de los animales muertos pero no evitan la suerte de los vivos.

Plutarco

Obras morales y de costrumbres

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